María Ester sufre desde hace varios años de un fuerte dolor en sus huesos y sobre todo en sus caderas. La osteoporosis logro debilitarlos de tal manera que el médico le prohibió realizar todo tipo de movimientos y esfuerzos. En definitiva ella no podía volver a subir escaleras, ni caminar más que unas pocas cuadras, ni hacer actividad física, etc. etc. etc..."¡Fue como una sentencia a corto plazo!"
Aquel diagnóstico y las jornadas que ella debía permanecer en cama o ausentarse de su trabajo, obligaron a sus médicos locales a derivarla a Capital Federal, a un centro de alta complejidad, en el cual solo le corroboraron lo que le habían dicho.
En medio de una gran angustia, su prima la invitó a conocer algo que cambiaría su vida y que estaba revolucionando Buenos Aires: La nutrición ortomolecular.
Fue asi que, una tarde se subieron las 2 a un taxi, y bajo una temperatura de 40° recorrieron gran parte de la Capital hasta que llegaron a un centro que, 3 veces por semana y en horarios preestablecidos, se dedicaba a enseñar sobre nutrición y la transformación que se generaba a partir de ella. Para su asombro, cuando las recibieron, descubrió que -aquella revolución en la salud- provenía de Omnilife... algo que ella ya conocía por haber participado de la junta de oportunidad que dieron en Trelew Adrián Gutierrez y Rubén Ibañez.
¿Resultado? ¡Su afiliación a Omnilife!
Hace unos días nos contó que no había podido levantarse a causa de los dolores. Pero -por esas causalidades de la vida- había llegado su kit, asi que cancelamos todo y le llevamos junto al bolso, un envase de power maker y otro de one pear meal. Le enseñamos a preparar el producto y ese mismo día comenzó a tomarlo.
Una semana después nos llamó muy emocionada para contarnos que había ido a la fiesta de graduación de su nieta, y que tuvo que subir 50 escalones para llegar al salón en donde se desarrollaba la fiesta... ¡MARIA ESTER HABIA LOGRADO SUBIR -Y BAJAR- RAPIDAMENTE 50 ESCALONES, SIN SOSTENERSE DE SU ESPOSO Y SIN SENTIR DOLOR! Su familia la observaba como si le hubiese estado sucediendo un milagro, a los ojos de todos.
Pero eso no fue todo. Al día siguiente fue a la chacra y caminó como si nunca hubiese estado enferma.
Naturalmente despues de aquel testimonio, la invitamos a casa y la vimos radiante, llena de energía y alegría, y totalmente desinchada, ya que llevaba una semana sin consumir los analgésicos que le habían prescripto los médicos.
Desde entonces María Ester no consume fármacos y desafía a quienes la sentenciaron a una vida limitada y de total dependencia. Ella descubrió que la raiz de todo lo que nos sucede proviene de nuestras emociones, de nuestros pensamientos y de los alimentos que consumimos cada día. Por eso se comprometió a contangiar su salud, puerta a puerta, hasta que todos supiesen que esto existía.
Tan solo por verla, su esposo -que pasa muchas horas al día conduciendo su propio taxi-, comenzó a tomar el Biocros. El prepara cada mañana un botellita con su nutriente y arranca la jornada. Según María Ester, su esposo se encuentra lleno de energía y vitalidad, y ella nos asegura: "Fue un milagro que él accediera a consumir algo que desconocía... Evidentemente mi testimonio lo contagió".
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