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jueves, 6 de noviembre de 2008

Contagiando alegría


Al fin puedo sentarme a escribir sobre la primera junta de oportunidad que tuvimos en Trelew. La verdad tengo mucho para contarles de esta experiencia, pero voy a tratar de ser breve.

Cuando conoci a Omnilife, sencillamente me enamoré de la Compañía. Y no solo de la calidad de sus productos y del nivel de vida que nos ofrecía a través de ellos, sino de la filosofía que movilizaba a cada integrante de esta gran familia internacional, compuesta por más de 4 millones y medio de distribuidores independientes.

Mi primer contacto con Adrián Gutierrez de Costa Rica, fue “causal”, porque llegó a mi ante una enorme necesidad de cambio. Y Adrián me llevó a Rubén Ibañez de Rosario.

Así comenzó todo.

Fueron varios meses de contacto virtual y telefónico. Fueron varios meses de consumir los productos y descubrir el cambio en mi organismo. Fueron varios meses de intercambio y de aprendizaje y de compartir en las salas virtuales de Adrián... conocimiento y experiencia de personas de todas partes del mundo.

Cuando Rubén me envió el maletin con mi contrato, el manual para distribuidores, videos de la compañía y un par de libros de regalo, dedicados al crecimiento personal y a la independencia financiera... sencillamente me senti formando parte de algo superior. De un proyecto que apuntaba a mejorar la calidad de vida de cada persona a la que alcanzaba. De un proyecto que valoraba y cuidaba a las personas por sobre todas las cosas.

¿Se imaginan eso en una sociedad tan competitiva y agresiva como la nuestra?

Me recuerdo con una alegría increible -hasta desbordante-, que provenía tan solo de mi intuición, porque en definitiva nunca había visto en persona ni a Adrián, ni a Rubén, ni a Jorge Vergara, ni a Angélica Fuentes... y sin embargo todos ellos comenzaron a formar parte de mi vida y de la de mi familia.

Con Jorge, mi pareja, los fines de semana solemos ir a pescar. Bueno, mientras él se abocaba a su pasión, yo me sentaba frente al mar a leer los libros que me habían llegado desde Rosario. Si tuviera que contarles a donde me tarnsportaba, no podría hacerlo. Solo puedo decirles que cerraba mis ojos y mientras me abrazaban el sol y la brisa de la costa, empezaba a crear mi mundo, a soñar sueños impensados, a sentir que todo dependía de mi.

¿Mágico? ¡Si! ¡Muy mágico! Pero la vida es mágica porque todo es cuestión de actitud. De saber que uno puede lo que quiere. De entender que mientras más alto volemos, mejores paisajes brillarán bajo nuestras alas.

¡Nada es imposible! Y eso lo corroboró la visita de Adrián y Rubén a mi ciudad. Todo lo que comenzó como una idea, se concretó en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando Rubén me dijo: - “Si te animás a organizar una reunión en tu ciudad, llevo a Adrián para que de su testimonio”

Bueno, ese desafío movilizó en mi muchas cosas, porque de repente me vi organizando, transmitiendo, compartiendo todo lo que me estaba sucediendo. La verdad no sabía cuanta gente iba a concurrir, pero sabia que de allí iba a salir algo muy bueno.

Federico Taboada y Lorena fueron los primeros que nos apoyaron, y eso nos alcanzó para confiar y apostar. Jorge me decía cada día... - “negrita, vos podés”...

¡Y si! Al menos lo iba a intentar, porque estabamos trayendo un nuevo producto a la Patagonia, y con él una nueva propuesta de crecimiento.

Naturalmente todos los cambios generan dudas, y resistencias. Pero eso no iba a ser un impedimento, porque sabíamos que los productos que estábamos trayendo había salvado y mejorado la vida de millones de personas.

En una conferencia que dio Jorge Vergara dijo... -“Nunca permitas que nadie te diga... no puedes”

¡y tomé eso como ley!

Cuando terminó la conferencia se inscribieron 6 personas... y desde ese momento no hemos parado de contagiar alegría y buena vida... “Un día si y el otro también”. ¡Hay mucho para hacer!

Adrián y Rubén superaron nuestras expectativas. Son 2 seres de mucha luz, que trabajan para un mundo mejor y todos vamos a seguir su ejemplo, no solo para mejorar nuestro entorno, sino para demostrarle a todos que, se puede soñar y transformar los sueños en realidad, con solo cambiar nuestra actitud ante la vida.